El colesterol es una forma de grasa conocida como lípido, que se encuentra en los tejidos del cuerpo y en la sangre, concentrándose en el hígado, médula espinal, páncreas y hasta el cerebro. Es importante para metabolizar el calcio, en el ciclo de las hormonas sexuales u corticoesteroidales, ayuda en el proceso de absorción de nutrientes, entre otras funciones.

Existen dos tipos de colesterol: El bueno y el malo. Trataremos de explicar la diferencia, para que puedas ajustar tu dieta diaria y obtener mayores beneficios.

El malo. Se le conoce así a las lipoproteínas de baja densidad o LDL. Hay que aprenderse el nombre porqué a veces la citan en las etiquetas de los productos que consumimos.

Son las encargadas de llevar colesterol a las células mediante la sangre, que corre por todo el cuerpo, y cuando hay demasiadas pueden obstruir las arterias ocasionando graves problemas, como paros cardíacos, embolias, etcétera. La medida normal de LDL o colesterol malo debe ser de menos de 150mg por decilitro de sangre. Lo anterior se conoce a través de un sencillo análisis de sangre.

El bueno. Existen las lipoproteínas de alta densidad o HDL, que son las encargadas de llevar el colesterol al hígado, recogiéndolo de los tejidos y de la sangre, limpiándolos.

Una vez en el hígado, éste se encarga de deshacerse de todo ese colesterol. Por eso es importante consumir alimentos que contengan HDL porqué nos ayuda a prevenir enfermedades circulatorias, del corazón e incluso contribuye a mantener una buena salud en general. La ingesta recomendada de colesterol bueno es de más de 35 mg por decilitro de sangre.

En total, todo el colesterol que consumimos no debe pasar de 200mg/dl en sangre porqué arriesgaríamos la salud.

¿Cómo balancear el colesterol en la dieta diaria? ¡Fácil! Reduce el consumo de huevo (en espacial la yema), la carne de cerdo y cordero, el queso, la mantequilla, cualquier alimento que contenga mucho azúcar, aceite o sal.

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